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Este pasado Sábado saqué a mis dos hijas a un paseo para comer una pizza.  Fuimos a un restaurante popular de pizzas y ellas, como todos los niños, salieron corriendo hacia el área de juegos.  Los padres que allí estábamos mirábamos a nuestros retoños mientras esperábamos que nos sirvieran la comida.

Luego de unos minutos en el área de juego algo pasó, un niño un poco menor que mi hija menor, la empujó de manera agresiva por los hombros, la tumbó al suelo y claro está en aquel momento pasaron varias cosas, mi hija mayor reaccionó con cara de enojo, mi hija menor se paró y salió llorando del área de juegos a refugiarse en mis brazos y los padres del niño en cuestión vinieron corriendo.

No puedo negar que mi reacción inicial fue de enojo, sin embargo, la reacción de los padres del niño me dejó pasmada.  Abordaron a su hijo pequeño, lo hicieron disculparse y abrazar a mi hija menor, lo sacaron a modo de castigo del área de juego y con muchísima gentileza nos contaron que eso no era tolerable en su casa, me preguntaron el nombre de la nena y nos contaron que el niño en ocasiones jugaba un poco brusco y que ellos están trabajando para que supere esa etapa pues la agresividad no era parte de su modelo de educación.

Aquella hermosa pareja nos regaló tres lecciones de vida a mi y a mis hijas.

La primera y más valiosa, la agresividad no es aceptable.  Para una madre de chicas, no saben lo maravilloso que se sintió que le dieran el índole de seriedad necesario, que tanto mi hija mayor que presenció el hecho como la pequeña sintieran el apoyo no solo de su madre sino también de parte de los padres del niño que agredió.

La segunda, que toda acción negativa tiene una consecuencia.  Al ver que el niño fue castigado aprendieron que los hechos malos si acarrean consecuencias.  Que uno no puede salirse con la suya.

La tercera, que las situaciones pueden solucionarse hablando.  Fue hermoso poder conversar con ellos, compartir nuestros retos como padres y hablar de manera calmada sobre lo que había pasado.  Todo ante los ojos atónitos de mi hija mayor que miraba a gente “grande” solucionar las cosas de manera civilizada.

Aquella salida por una pizza, nos dejó lecciones de vidas importantes.  Fue extremadamente enriquecedor que dichas lecciones vinieran dadas por completos extraños.  De ahí que afirmo aquello de que toma toda una aldea para criar un niño.  A aquellos padres desconocidos, si este escrito llega a sus manos, felicidades por como manejaron la situación y gracias por convertir un momento incómodo en un momento de aprendizaje para todos!.

Karolyn Castro ©

La mami de Isabella y Francesca

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