El atardecer se había teñido de azules, rojos y púrpuras, tenía un parecido increíble a los colores que ahora teñían tu rostro.  Estaba frío y me daban deseos inmensos de arropar tu cuerpo desnudo, pero temía, con ello, perturbar tu plácido sueño.  Casi nunca tenías oportunidad de dormir y tu rostro era siempre un arcoíris de emociones que teñían tus ojos con un dejo de tristeza.

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Así que me quedé allí, de pie, mientras te contemplaba dormir con aquellos músculos faciales tan relajados, irradiabas paz y creo que por primera vez en mucho tiempo te veías realmente hermosa.  Recién me fijo que te hacía falta teñirte el pelo otra vez, no recuerdo cuando fue la última vez que lo hiciste…en ese momento miré tus manos y pies, necesitabas una pedicura y una manicura urgente!.  Sin embargo esas nimiedades tendrían que esperar ahora pues teníamos asuntos más importantes.

En cualquier momento va a llegar el y será mejor tener la cena lista así que estoy a punto de despertarte, no puedes seguir dormida, hay que poner la mesa y tener todo perfecto como le gusta.  Te ama tanto que es lo mínimo que puedes hacer por el.  Decido mirar el reloj y veo que pasan de las nueve de la noche, trato de despertarte pero en ese momento las voces en el pasillo y el sonido de la puerta anuncian su llegada….Diablos, la has cagado una vez más!.

Al voltear la cara me doy cuenta que no ha llegado el, es un señor que no conozco que viene acompañando a dos mujeres, espera…son tu madre y tu hermana que han llegado a visitarte!

– Despierta Ana, grito a todo pulmón! levántate que ha llegado visita.

Pero tu no te inmutas, debes ser la mujer más haragana del planeta, Carlos tiene razón cuando dice que eres una buena para nada.  Comienzo a ayudarte y trato, sin éxito, de arreglar los cojines de los muebles que han quedado esparcidos por el suelo de la sala.  Es en ese momento que escucho a tu madre sollozar mientras el señor le dice:

– Lo siento señora Ramona…aún buscamos a Carlos, se dió a la huída, el golpe fue fatal…

Es en ese momento que miro tu rostro lleno de paz y me doy cuenta que no duermes, que no duermo…que he muerto.  Comienzo  a sentir los primeros vestigios de pánico, dónde estoy?, cómo es que me ha matado? qué le dirán a los niños?, no puedo estar muerta…debo despertar.

Corro y me agacho cerca de mi cuerpo, trato de tocarme pero casi ni me reconozco, mi rostro lleno de los colores del atardecer se ve tan bello, tan sereno, tan lleno de paz.  No puedo evitar sonreír, por fin Carlos ha ganado, ha vencido la fortaleza física de mi cuerpo, me ha matado, me ha callado, no más gritos, no más caídas fingidas.  Al fin hay paz, al fin los niños no escucharán mis gritos callados, no verán los golpes…estarán mejor con mi madre.

Yo amé a Carlos, el no me amó a mi, pero es tarde y tengo sueño, me recuesto al lado del cuerpo frío que una vez fue casa de mi alma y escucho a mami cantar “Estrellita dónde estás…quiero verte tititlar…”, la escucho llorar mientras la canta y quiero decirle que estoy bien, que ya Carlos no puede ponerme un dedo encima.  Pero tengo mis párpados pesados y se cierran a pesar que trato de mantenerlos abiertos, siento que un suave viento me lleva rápido lejos…mientras la voz de mami se apaga…

“Sobre el cielo…o el mar…un diamante de verdad…”

Karolyn Castro ©

En honor a todas aquellas mujeres que han perdido la vida en nombre del amor.  Aquellas que no comprendieron que el amor no hiere, no mata…sino que el amor construye y edifica.  

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