Esta es la historia de mi primera gran enfermedad, y ven, es que tengo tendencia a hacerlo todo en grande, de pequeña mi padre nunca me preparó para hacer cosas mediocres, ni siquiera enfermarme.

La historia comienza como la de cualquier dominicano en un día feriado, realizando la actividad propia de esa mañana fresca de invierno (si es que se puede considerar invierno lo que vivimos).  Dormir, y es que los dominicanos tenemos una relación de no se que con nuestra cama cuando no hay que ir a trabajar un Jueves cualquiera.  Eso hice casi todo ese Jueves, dormir como lirón y pasármela en la casa hasta que a eso de las 3 de la tarde una fiebre ligera me diera los primeros síntomas de que algo no andaba bien.

Las fiebres continuaron durante el día, ninguna llegando a superar los 39 grados centígrados, y aunque durante la madrugada continuo la fiebre sin ningún otro síntoma, me vi en la forzosa necesidad de ir a trabajar ese Viernes.  Al despertar el único nuevo signo de alarma eran 4 puntos rojos en mi pecho que parecían indicar alergia de algún tipo, tome Zyrtec y un acetaminofén para combatir la fiebre.  En este punto se que debí quedarme en la casa, sin embargo, el empleador dominicano es “mosca” por naturaleza y de hacerlo podía parecer a que me robaba el día y hacía un puente forzado y como tenía planificados unos días de asueto para la semana que entraba mi “responsabilidad” pudo más que mi sentido común.

emergency

En la tarde del viernes las pintas rojas habían aumentado en cantidad y estaban en mi espalda y en la noche tenía un par en mi frente.  Las fiebres seguían aunque de bajo calibre y yo comienzo a buscar los síntomas en internet, era evidente que de no mejorar el Sábado en la mañana me vería en la necesidad de una visita a la sala de emergencias.  El Sábado a las 7 am. era evidente que mi situación se había agravado durante la noche y que ya yo tenía un diagnóstico casi seguro.  Con cautela llego a la sala de emergencias de Ginecología y Obstetricia por primera vez en mi vida ya que anteriormente nunca me había tocado llegar allí siendo yo la paciente.

Lo primero fue percatarme de que la idea de “emergencia” que me han pintado las series de televisión norteamericanas que sigo, no tienen nada que ver con la realidad que se vive en nuestro país, donde en un centro médico privado tuve que esperar unos 10 minutos a que apareciera alguien que pudiera tomarme el carnet del seguro y que me indicara que me sentara hasta que fuera mi turno.  Sentí, a riesgo de sonar poco adaptada, de que era una consulta sabatina, pero todos parecían entender que esto era el trato normal y yo me vi sometida a la presión de grupo.  Me preocupaba la presencia de una mujer embarazada y una anciana ante lo que yo ya tenía auto-diagnosticado como una posible virosis contagiosa.

Fui atendida, una media hora más tarde, por el Doctor Medrano, a quien tuve solo que enseñarle las pintas una vez para que confirmara lo que ya temía, a mi edad había caído víctima de Varicela.  Por el estadío de mi enfermedad (24 horas del brote)  era candidata para someterme a una terapia anti-viral, fui inyectada con anti-virales y me indicaron un fuerte tratamiento oral, en miras de minimizar el impacto de lo que todos me aseguraron sería algo similar a un encuentro con el mismo demonio.  Pero mi odisea solo comenzaba, el Dr. Medrano me emite un certificado médico solo por tres días y me manda a la casa diciéndome que si “requería más días” fuera donde un médico.  A mi me sonó que si a los 3 días me encontraba bien podía alegremente retomar mis actividades, una de ella un viaje al exterior que tenía planificado.

Sin embargo, todo lo que había leído en internet y mi sentido común me aseguraban que era altamente contagioso y que por mi seguridad y la de las demás personas debía permanecer dentro de la casa en período de cuarentena.  Decido llamar a mi Ginecólogo y le explico la situación y con asombro es que descubro que un médico de la sala de emergencias en nuestro país no puede emitir un certificado mayor que el de 3 días y me asombra comprender que debo, a riesgo de convertir esto en epidemia nacional, volver a salir de mi casa a obtener la debida documentación que requiere mi lugar de trabajo.

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Al llegar el día donde debo buscar el certificado y donde debe evaluarme el “especialista”, me despierto temprano y comienzo a llamar a la clínica para obtener información de cómo podía el Dr. atenderme sin tener que hacer antesala de espera (tome en consideración que iba a un centro donde el mayor público que se atiende es de mujeres embarazadas y donde un contagio puede significar la vida del feto).  Sin embargo luego de infructuosas llamadas, una de ellas donde inclusive recibí una atención pésima por un doctor via telefónica, lo toma una persona de recepción a quien explico mi problema de Varicela y su respuesta me deja helada “Mire, le agradecemos su preocupación por los demás y su responsabilidad social como la llama pero debe venir personalmente, olvídese de los otros y resuelva su problema, el otro que resuelva el de el”.

Salí a las 8:30 am a exponer a toda una población en riesgo (embarazadas, niños, bebes…), iba desmoralizada, no solo por eso sino porque para poner el punto final a todo no sería mi última salida, ya me habían informado en mi lugar de trabajo que debería recoger un formulario que no me pueden entregar hasta que el doctor en cuestión no hubiese emitido la licencia y se supiera el total de días de la misma, para volver a llevar este formulario donde el Doctor para ser llenado y firmado (y si hubiese estado hospitalizada que?).  En medio de aquella ida a la clínica me di cuenta que nuestro país es un enorme desastre en cuanto a prevención y manejo de enfermedades contagiosas.  Que el sistema no legisla para aquellas personas que no tienen un mensajero o alguien que pueda hacerle las cosas y mucho menos legisla pensando en el enfermo!!!!!.

Estuve de 8:45 am a 12 del medio día en aquella clínica a la que veía con horror llenarse de personas según pasaban los minutos.  Cuando sentí que no podía más me acerqué a la secretaria de la doctora (que estaba embarazada por cierto) y que me había informado que a ella le había dado y era inmune y le explique mi nerviosismo, creo que fue el único ser humano que hasta ese momento mostró comprender que yo no debía estar allí.  A ella se le ocurrió hacerme esperar dentro del consultorio de la doctora lejos de todos.  Salí luego de ser atendida por la doctora que amigablemente comprendió la situación y quien si mostró el debido nivel de seriedad ante el virus del que era portadora.

Mi licencia médica se extiende por 15 días más para un total de 18 días si tomo en consideración los primeros tres días que me dieran en emergencias.  Debo regresar a las calles a resolver lo del formulario que requiere mi lugar de trabajo y al salir de la clínica tuve que ir a la farmacia a recoger mis medicinas con el seguro médico y mi cabeza solo computa la cantidad de personas con las que tuve contacto.  De esta experiencia que aún vivo me llevo un solo mensaje conmigo, a nuestro país debe cuidarlo Dios en persona (nada de ángeles), somos el ejemplo vivo de una población que debió ser exterminada por alguna epidemia generalizada debido al manejo pésimo de este tipo de enfermedades pero que, por alguna intervención divina, seguimos aquí…viviendo tranquilos y totalmente ajenos a las miles de tragedias a punto de explotar que nos pasan por el lado y nos dicen “hola” con una sonrisa, sin saber el oscuro secreto que sus ropas esconden.

Karolyn Castro ©

2 Replies to “Por qué los dominicanos deberíamos ser una raza extinta?”

  1. Mejor dicho IMPOSIBLE, …………………como dices el mal manejo que se les da a ese tipo de enfermedades que aunque de tipo VIRALES no dejan de tener sus riesgos y como tu señalas en una parte muy vulnerable de la poblacion, como la de los envejecientes y las embarazas………..y sumandole a esto la falta de interes o la poca o nula comprension y colaboracion del personal que esta ¨¨SUPUESTO¨¨ a servirnos de manera eficiente!

    Definitivo a nosotros nos cuida Dios!

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