En el día de ayer me vi en la muy incómoda posición de tener que ayudar a mi hija mayor a preparar una presentación titulada “El encuentro de dos culturas”.  Quiero aprovechar el marco del 12 de Octubre para emitir mi juicio en lo que pienso es una fecha donde se conmemora un trágico encuentro de dos culturas, donde una de ellas fue aniquilada, ultrajada. No fuimos descubiertos, fuimos brutalmente invadidos y exterminados.

Carta a mi hija mayor:

Lo siento mi niña, mami no pudo explicarte como lo hacen los libros de historia.  No pude pararme frente a ti y decirte que fuimos “descubiertos”.  Mami falló en contarte que fue un encuentro casual de dos culturas.  La realidad, y como debería ir la historia, es que fuimos invadidos.  No supe como enmascararte la aniquilación y el exterminio al que fueron sometidos los taínos.  Soy totalmente responsable de lo que te paraste a decir en tu exposición y estoy dispuesta  a responder por ello, sabes por qué?, porque ante todo tengo la responsabilidad de decirte la verdad.

Mira mi cielo, cuando hayas crecido encontrarás que nos llaman de muchas maneras.  Somos “latinoamericanos”, afro-caribeños, afro-latinoamericanos, latinos, hispanos, dominicanos, negros, indios, jipatos.  Tu, en algún punto, te vas a preguntar qué eres? cómo debes llenar el formulario?.  Quiero que te quede claro algo, eres Dominicana y como bien te han enseñado en la escuela esta semana, nuestros rasgos físicos están determinados por una serie de razas que en algún momento de la historia formaron parte de nuestra tierra.

Hoy quiero contarte de los indígenas, aquellos que han sido olvidados, porque fue tal la exterminación que hasta de nuestras mentes modernas han sido borrados.  Verás miles de movimientos donde se exaltan nuestras raices africanas y donde se nos llama a volver a ellas?.  Recuerdas aquel día donde me dijiste, “mami como tu pelo es lacio eso quiere decir que no eres Dominicana?”.  La historia que te hice en aquella ocasión fue de una bella taína de nombre “Anacaona”, esposa de Caonabo y cuyo  nombre significa “Flor de oro” y razón por la cual el logo de este proyecto es dorado. Te conté que Anacaona era compositora de baladas y poemas narrativos llamados “areítos” y que se dice su pelo era lacio y negro como la noche.  

Recuerdas aquella historia que cuenta que Anacaona tenía un corazón bondadoso, de allí que aceptara la invitación a un banquete “amistoso” convocado por Nicolás de Ovando?.  Bueno, en un momento de la actividad el ordenó que la casa fuera prendida en fuego con todos dentro para ser quemados vivos.  A nuestra Anacaona se le ofreció clemencia si, una práctica común de nuestros colonizadores, ella se ofrecía como concubina de uno de los españoles.  Anacaona decidió la solidaridad a su raza y fue ahorcada públicamente en el año 1504, doce años luego de que fueramos “descubiertos”.

No querida niña, no somos africanos, ni nuestras raices lo son.  Son una mezcla de raices taínas, africanas y, por qué no, españolas también.  Por eso no solo nos define el pelo rizo, sino también el lacio.  Por eso tu color de piel es blanca y el de mami es chocolate.  Por eso somos un bello arcoíris de colores y texturas.  Y precisamente por eso no celebramos ni conmemoramos nada.  Por el contrario recordamos aquella fecha con dolor pues fue el momento de la historia cuando aniquilaron, sin clemencia, una de las razas que conforman nuestras raíces Dominicanas.

Tu mami

Karolyn Castro

 

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