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bellota

Hoy mientras rebuscaba en mi cartera la encontré…la bellota que recogieran en Central Park aquel 4 de Abril  mientras caminábamos  aquella fría tarde de primavera entre el laberinto  del pulmón de la ciudad de Nueva York.  No recuerdo bien de que hablábamos, solo que era de transformaciones pero como la conversación fluía y en aquel momento, como niña  saltaba de emoción al ver las ardillas correr de un lado a otro desenterrando lo que había quedado del invierno, no presté mucha atención a la simbología de aquel regalo.

Traje la bellota conmigo a Santo Domingo y de vez en cuando  la miro para transportarme a aquella tarde maravillosa que pasé en contacto con la naturaleza que tanto amo y para reírme con las ocurrencias de los regalos que suelo recibir y donde ese, hasta ahora, tiene el premio a la originalidad.

Pero hoy ha sido diferente! y al encontrarme la bellota recordé una frase que dijiste una vez “esa no es la Karolyn que conozco”, y de repente me di cuenta! yo era una bellota! necesitaba  que la tierra, el tiempo o los afilados dientes de una ardilla rompieran el duro exterior para que saliera el fruto de donde germina la vida o que sacia el hambre de la ardilla.

Descubrí que por años había sido una bellota, que había resguardado mi fruto tan celosamente que al mismo tiempo frené mi propio crecimiento, había aplacado mi brillo.  Como la bellota, que anda conmigo en mi cartera, que cuando no cae en suelo fértil o en las manos apropiadas, no pierde su dura coraza, no puede germinar ni saciar el deseo de cumplir su leyenda personal.  Yo también me había resistido a romper el caparazón por temor a ser herida o a fracasar.

Así que ahora, cada vez que vea la bellota, recordaré lo que ha sido este maravilloso proceso de transformación, hay veces los dientes afilados de la ardilla han dolido mientras hacían su trabajo otras he sentido el frío de la tierra húmeda…no ha sido fácil…pero hoy he germinado y cumplo mi propósito con fe y con una satisfacción que para algunos sobrepasa la razón.

Gracias por ese regalo que hoy me lleva a reflexionar sobre lo maravilloso que ha sido este proceso!

Karolyn Castro ©

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