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Jean Bodin, de origen francés y uno de los principales intelectuales en aportar en temas de derecho y ciencias políticas, define la “Soberanía”, en los “Seis Libros de la República” como “el poder absoluto y perpetuo de una República”.  Según Bodin, es soberano quien tiene el poder de decisión, quien dicta leyes sin recibirla de otros…solo siendo gobernado por las leyes divinas (leyes de Dios).   La base de la libertad de toda nación reside en su soberanía y aunque a lo largo de los tiempos se ha tratado de re-definir el concepto, desde que Bodin definiera el vocablo en el 1576, su esencia sigue siendo la misma.

Si bien el derecho internacional ha creado organismos para regular la relación entre las diferentes naciones, algo debe quedar siempre intacto en dichas negociaciones y es la libertad y la soberanía que tiene una nación de establecer las las leyes con las cuales se rige su tierra.  En nuestro país, por ejemplo, ser dominicano no está atado al lugar de nacimiento (como otras tantas naciones), está establecido en nuestra constitución que ser dominicano viene atado a un linaje de sangre por el padre o la madre o ambos.  Si puedes probar que uno de tus padres es dominicano, no importa el lugar en el mundo donde hayas nacido puedes optar por la nacionalidad dominicana.

Otra manera legal de pisar y residir en suelo dominicano es obteniendo una residencia o estatus de residente como se hace en todas las naciones del mundo.  Recientemente, en nuestro país, se corrió un proceso de regularización migratoria tratando de buscar la normalización de aquellos inmigrantes que se encontraran residiendo en nuestro país de manera ilegal.  Este plan conocido como  “Plan Nacional de Regularización de Extranjeros en situación Migratoria Irregular” no vino con el nombre impreso de ninguna nación en específico, fue simplemente la respuesta que como Nación Libre y Soberana dimos a una situación migratoria que se estaba saliendo de control (no solo con nuestros vecinos sino también con otras naciones).  Planes de regularización similares han sido corridos en otros países y por ejemplo, en mi caso, conozco una familia honesta y trabajadora completa (padre, madre y 4 hijos) que fueron deportados de los Estados Unidos a nuestro país porque en un plan de regularización no “calificaron” para quedarse legalmente residiendo en territorio estadounidense.

Por algún motivo nuestro Plan de Regularización ha causado un revuelo en la comunidad internacional.  No pienso analizar las causas, no soy experta en derecho internacional, no soy política…lo mío es bloguear sobre el alma y precisamente de eso pienso hablarles.  Quiero detenerme por un segundo y compartir, tanto con la comunidad internacional como con mis hermanos Dominicanos, quienes somos en realidad, porque al parecer todos lo hemos olvidado.

Somos el pueblo que hace 171 años se declaró libre, soberano e independiente de toda potencia extranjera.

Somos el pueblo que lleva en su escudo tallado a Dios primero, Patria y Libertad detrás.

Somos el pueblo que se reconoce por su hospitalidad y solidaridad.

Somos el pueblo que te recibe a ritmo de merengue, con una sonrisa en el rostro, sin importar las carencias que estemos pasando.

Somos el pueblo que en medio de crisis de empleo se une para ofrecer una mano amiga…a quien he visto en centros de acopio por el terremoto en Nepal…pueblo al que he visto amamantar (porque era lo único que tenían para ofrecer) a bebes haitianos en medio del terremoto que afectó a la vecina nación.

Somos el pueblo que rompe a bailar los problemas a ritmo de tambora, quienes portamos la sonrisa sincera, quienes ayudamos sin importar raza, color o descendencia.

Somos el pueblo abierto, afable, que perdona.

Somos el pueblo que se levanta cada mañana a dar lo mejor de sí, quienes lloramos al regresar a nuestra nación luego de un par de semanas fuera.

Somos el pueblo que aplaude bien orgulloso cuando un avión aterriza sano y salvo en nuestro suelo.

Con carencias, con problemas, con deficiencias y con un sin fin de cosas que no marchan bien, yo digo que somos el pueblo del que nuestros héroes deben sentirse orgullosos porque nos hemos mantenido fieles a nuestro Dios, a nuestra Patria y cuando ha sido necesario hemos defendido nuestra Libertad con piedras.

Somos ese pueblo…donde no importa el color de tu piel (aquí estamos todos mezclados), donde no importa de donde vengas, donde no importa tu estatus social…el pueblo que sale presto a ayudar cuando una tragedia pasa.

Somos ese pueblo que sin manejar esa cantidad de recursos dice presente…siempre.

Somos ese pueblo que ora, que de rodillas pide en cada tragedia que agobia a una hermana nación.  Lo hacemos porque Dios está primero en nuestro escudo.

Somos ese pueblo que no odia, que ama, que construye, que sale adelante.

Hace meses, en un viaje a la ciudad de Nueva York, tuve una caída muy fuerte en la calle.  Recuerdo haberme tendido de espaldas en la acera y esperar el grupo de personas que llegarían a recogerme, a ayudarme.  No porque yo no pudiera pararme, sino porque como dominicano esperas eso, esperas la mano amiga y solidaria, la esperas porque estas acostumbrado a recibirla de manera gratuita y abundante.  Nadie se acercó, recuerdo estar tendida allí por unos minutos mirando el cielo y evaluando mis “daños” sin que nadie hiciera absolutamente nada, hasta que llegaran corriendo unos amigos que andaban conmigo y que habían visto a lo lejos lo que había pasado.  Recuerdo haber pensado “que diferencia si esto hubiese pasado en mi país!”.

No olvidemos quienes somos…Si bien estamos ahora bajo el escrutinio internacional…vamos a hacer lo que los dominicanos sabemos hacer muy bien.  Vamos a recibir a los organismos internacionales a ritmo de merengue, con nuestra mejor sonrisa.  Vamos a abrirles nuestras puertas, vamos  mostrarles con orgullo la cara del dominicano solidario y humanitario que llevamos dentro.  Quiero que no olvidemos lo que lleva nuestra alma, como nos enseñan desde pequeños a compartir en los viernes de colores del colegio, como nos enseñan a dar gracias a Dios por cada bendición recibida y como nos enseñan a ser hospitalarios.  Eso queridos Dominicanos…que no se nos olvide.

A la comunidad internacional…le recibimos con alegría, con hospitalidad, con respeto…como la nación Libre, Soberana e Independiente que soñaran y defendieran con su sangre tantos héroes y heroínas por 171 años.

Karolyn Castro ©

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