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Su perfume aún revolotea en ese lugar entre mi cuello y mis cabellos, en ese recodo donde al voltear la mirada parece que se acerca a besarme la mejilla.  Pronto tendré que despojarme de su aroma y lo inhalo queriendo mantener el momento vivo por siempre.

No son fáciles las despedidas y a eso he venido, a decir adios, él no lo sabe todavía, duerme arropado de pies a cabeza.  Su rostro sosegado refleja su alma de niño, si no me hubiese roto el corazón, reconocería que me apena dejarle.  Sin embargo, no voy a engañarme, le conozco, he clasificado su tipo como aquellos fáciles de amar pero egoístas al lastimar, qué lástima! Era mi última apuesta al amor.

adios (1)

Pudiera mirarlo por horas, hubiera bajado la luna si me lo hubiese pedido, pero hoy cierro este capítulo tratando de mantener su estampa de niño inocente en mis recuerdos, quiero mantener los bellos momentos, las sonrisas, las ilusiones…esas cosas que me harán daño al principio pero que serán objeto de añoranzas años después.

Le escribí varias notas de despedida pero todas han terminado en la basura.  Se me da bien escribir, pero como terminas algo que has comprendido que solo empezó para ti?  Mejor dejarlo así, como si fuese todo una sucesión de puntos suspensivos…es hasta romántico dejarlo de ese modo.

Con tristeza y algo de pereza me paro de la cama, dejo que la ducha sacuda de mi piel los últimos vestigios de nuestro encuentro.  He apilado todo cuidadosamente la noche anterior de manera que no tenga que despertarle.  La maleta se sienta en el baúl de mi coche, es solo tomar mis llaves y marcharme.  Le doy una última mirada, conteniendo el deseo que tengo de besarle, en ese terreno el es más fuerte que yo, una vez más disolvería mi resolución de dejarle y esto debe ocurrir.

Salgo sin mirar atrás a la calle que solo está matizada de algunos vestigios mañaneros, solo despiertos unos pocos valientes a quienes no les atemoriza el frio que sacude esta ciudad a las cinco de la madrugada.  Enciendo el coche y comienzo a avanzar, pensando que parece increíble como he llegado a este punto sin derramar una sola lágrima, talvez porque ya he llorado mucho, por el, por todos, al punto que el pozo salado de mis ojos se ha secado indefinidamente, eso es bueno, odio llorar.

Enciendo la radio para ver si la música aplaca un poco el sentimiento de ansiedad que va subiendo por mi pecho.  Inician las primeras tonadas de aquella salsa que tanto le gusta y reflexiono como, a partir de este momento, todo va a recordarme a el…como algunas cosas le pertenecerán por siempre.

He conducido unas 2 horas, me he mudado de la ciudad, le he dejado el espacio donde el y la tal Patricia, una más de la larga cadena de lo mismo, pueden iniciar lo que ya tienen conversado.  Deducir que eres la que sobra, más por amor propio que por despecho es una virtud de la que me enorgullezco.  En ese instante recibo el mensaje, sin leerlo se que es de el, me estaciono y leo el letrero que dice “Welcome to River Side”, la ciudad pequeña que será mi escondite…sigo sin llorar y siento que he alcanzado el punto del no retorno y estoy muy orgullosa de mi.

Tomo el movil y leo su mensaje “Dónde estás?, Qué haces?, Dónde has ido?”…sonrio, es definitivamente un niño, comienzo a escribir “Espero que tengas una vida feliz, lo nuestro ha terminado”, sin embargo decido borrar el mensaje recordando que nunca hubo algo “nuestro” sino algo solo “mío”.  Borro su mensaje, bloqueo recibirlos por todas las vias que recuerdo tener contacto con el y me dispongo a seguir avanzando.

Se levanta el sol en River Side, sus calles se ven lustrosas con los rastros de lluvia de la noche anterior.  Decido cruzar el límite de la ciudad que ahora me da la bienvenida, nunca fui suficiente, pienso mientras le recuerdo con algo de tristeza…pero con asombro me escucho decir en voz alta “No…siempre fui demasiado” y con una sonrisa le digo adiós a su recuerdo, esta vez con un poco más de esperanza y un poco menos de tristeza.

Karolyn Castro ©

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