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Mi nombre es Viviana y este es el día tres desde que lo nuestro terminara.  El común denominador de todos los comentarios es que luzco fatal, y es que no comprendo como debo lucir perfecta cuando funciono con un pedazo menos de mi corazón.  La comida ha perdido su efecto encantador y aunque necesitaba unas libritas menos mis amigos aseguran que voy a colapsar en poco tiempo.

Fallan en comprender que ya colapsé y que en medio de los escombros yace lo que una vez fuera mi puerto seguro.  Hoy me he dedicado a ver nuestras fotos, el único recuerdo tangible de que alguna vez fui feliz.  Sonriendo me mira a la cara y yo quisiera poder tocarle, poder decirle que lo amo, que merezco una segunda oportunidad.  Pero lo nuestro ha llegado a su fin, aunque intente mantenerme en este limbo de negación.

Con la yema de mis dedos acarició suavemente la pantalla de mi teléfono inteligente, tratando de que el movimiento no haga desaparecer la imagen.  Es una de mis fotos favoritas, era uno de esos días de otoño donde aún habían destigios de verano, el sol brillaba y salíamos a caminar sin rumbo.  Estábamos frente al edificio cuando saqué mi teléfono para tirar una foto, yo estaba feliz, radiante y la imagen capturó el momento en el que el me miraba de lado con una sonrisa cargada de paz.  

Guardé el aparato y no vi la foto hasta en la noche y en la oscuridad de nuestra habitación pensé que había llegado a casa, que todo estaría bien por siempre, que vivía mi final feliz.  Su mentón tenía un asomo de barba y sus ojos marrones se vestían de un color claro ese día.  El me trajo paz y, dentro de todo mi dolor, quiero pensar que yo le traje paz también.  Siempre quise darle paz…cuando lo conocí pensé que eso era lo que le faltaba.

Soy Viviana…son las 5:45 pm. y vivo el día tres de su partida.  Extraño su sonrisa, sus bromas, su aroma…aún lo amo.

Karolyn Castro ©

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