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Fui mimada a más no poder y debo admitir que hasta que mi padre falleció y  hasta que el alzheimer le borró la memoria a mi madre, antes de tomar una decisión lo consultaba todo con ellos.  Desde decidir que meter en mi maleta cuando me iba de viajes hasta como cocinar el filete de cerdo…todo era motivo de una consulta.

La realidad es que nunca sentía que estaba tomando la decisión correcta si la tomaba sola.  Pero la vida siempre te empuja a crecer y llego el momento del destete, por llamarle de alguna forma, y eso me pasó a mi hace un par de años.  Sin embargo, tomaba decisiones dentro del marco de lo conocido, lo familiar y por ende, sobreviví sin verme sacudida hasta Septiembre del 2014.

Las grandes lecciones de vida, vienen, la mayor parte de las veces, de situaciones cotidianas; de “tonterías” que en un momento determinado te dejan una enseñanza transformadora.  Fue ese 23 de Septiembre que marcaría la diferencia y me llevaría en un viaje de introspección que me sacudiría el piso.  Ese día me encontraba en la ciudad de Nueva York por primera vez y había coordinado con un gran amigo de la infancia para visitar el Museo de Historia Natural.  La hora de reunión eran las 10:30 am y como me encontraba en Brooklyn debía salir algo temprano (soy súper estricta con eso de tiempo, me gusta ser puntual).

 

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Tenía tan solo 5 días en NY y para ser honesta la ciudad, en ese momento, me tenía algo abrumada.  Si bien he viajado todo el mundo, soy bien famosa por perderme al doblar la primera esquina, por viajar con una carpeta llena de datos perfectamente organizados de que hacer, que ver y donde ir; sin contar los cientos de mapas impresos que llevaba.  El viaje a NY lo hice de manera diferente…no lleve nada, solo mucho deseo de conocer la famosa capital del mundo (claro tenía gente que vivía en la ciudad llevándome de un lado a otro).

Ese día mi guía no pudo ir y me lo comunicó con poco tiempo, por lo que no tuve forma de llamar yo a quien me esperaba en el museo y no me gusta dejar a la gente plantada.  Así que en un momento de locura le pasé un pedazo de papel a mi amigo y le dije, dime como llegar allá que me voy sola!.  Debo admitir, que nadie que hubiese visto como me pierdo me iba a tomar en serio y mucho menos hacer lo que hizo mi amigo.  Me dijo, Tomas el R hasta la 36, ahí tomas el D hasta la 59 y haces transfer al C que lo tomarás hasta la 81 que es la parada del Museo de Historia Natural.

Amo las matemáticas y me sonó facilísimo, además mi amigo me miró con una cara de que yo no iba a poder llegar sola y tenía una imagen de mujer independiente que defender.  Pues cartera en mano inicié mi travesía, primero caminando hasta la estación del tren, realmente saqué mi GPS desde que salí del edificio para asegurarme que iba en la dirección correcta.  Al llegar a la estación (donde NO había señal de celular ni wifi, cosa que hasta ese momento no me había  molestado en lo absoluto), me encuentro con un pequeño problema, no tenía tarjeta de Metro, y quería comprar una, las máquinas que aceptaban tarjetas de crédito así como el verifone estaban dañados y no tomaban papeletas de 100 dólares.  Tenía dos opciones, volver a salir y comprar algo en otro lugar que si cogiera ese monto de billete o devolverme donde mi amigo (aquel que me había visto con cara de que en realidad no me iría sola al museo ese).  Bueno, grandes crisis traen consigo el descubrir grandes dones, y ahí descubrí que se me da muy bien rogar en inglés.  Le rogué a la señora de subway, le dije que mi vida dependía de montarme en ese tren, que yo necesitaba probarle a alguien que yo podía sola, que era turista….que venía de un país donde cogen 100 dólares en cualquier parte.  Así fue como esa señora me dijo, le voy a abrir la puerta, pase y asegúrese de cambiar el dinero y comprar su tarjeta en la próxima estación.

museo historia natural

Estaba eufórica!, recuerdo haberme montado en ese tren como si me acabara de graduar de un PhD en Física Nuclear o algo así (luego de debatirme como saber cual linea iba a Manhattan pero me di cuenta que aprender a leer y saber inglés me llevarían donde fuera).  Todo iba perfecto, hasta que el tren comenzó a cruzar el puente, no me habían dado ese detalle pero luego pensé claro el GPS lo dice que debo cruzar el puente….había hecho el transfer bien!.  Los problemas comenzaron al cruzar el puente, las estaciones NO tenían números y yo comencé a entrar en pánico, que debía hacer, no podía llamar a nadie…estaba sola en un vagón lleno de gente extraña en un país extraño y en ese momento supe….por primera vez DEBÍA TOMAR UNA DECISIÓN TOTALMENTE SOLA!.

Busque el mapa en el vagón y no estaba, era de los vagones viejos.  Respiré profundo y decidí esperar la parada 59, parada tras parada solo escuchaba nombres…hasta que por el altavoz anunciaron “This is West 4, transfer is available to the A, B, C, D, F, M trains” (Esta es la parada West 4, hay transferencia disponible a los trenes A, B, C, D, F y M), bueno se abrieron las puertas y dije, ok, no es la parada 59 pero hay transfererencia al c y salté fuera del vagón.  Decisión que casi lamenté porque en las plataformas no se leía tren “C”.  Luego de leer los letreros pude ver que debía subir para accesar al tren  y pensé si salgo a la calle me voy a perder sin remedio, pero luego de subir las escaleras verifiqué que me llevaban a otra plataforma de tren.  Me aseguré de tomar el que iba en dirección a Manhattan y voilá, unos minutos más tarde salía victoriosa en la estación del museo de historia natural.

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Fue toda una experiencia dado que me devolví sola también (siendo la propietaria de una tarjeta de subway bellísima, por lo menos para mi).  Mientras caminaba con el anochecer bañando las calles de Bay Ridge, el pecho lo tenía lleno de orgullo, básicamente porque había tomado decisiones por mi misma sin consultarlo con nadie y que maravilloso se sentía.  Pensaba, mientras iba de vuelta al apartamento, que no hubiese importado si me hubiera perdido o no, que lo que importó fue la maravillosa aventura que encierra tomar tus propias decisiones y ser dueño de los resultados.

Karolyn Castro ©

Foto de introducción cortesía de  Angel González ©

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