Recuerdo aquellos Domingos donde con afán mi mamá nos cambiaba con ropa dominical para ir a disfrutar de la santa misa.  La iglesia a la que asistíamos era la Iglesia de las Mercedes, imponente y hermosa.  De todos aquellos años atesoro en mi corazón la época en la que estudiara para hacer mi primera comunión.  Tenía unos 8 años de edad me entusiasmaba estar más cerca de Dios.

Aprendí los 10 mandamientos al pie de la letra y con avidez devoraba todo lo que me enseñaban.  De todo uno de los escritos que más impacto me causara fue Mateo Capítulo 22 versículo 39-40:  “Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” .  Años más tarde viví situaciones algo difíciles que me hicieron cuestionarme como se me podía pedir que amara a mi prójimo como a mi misma…pero dice la Biblia que de estos dos mandamientos dependían toda la ley y los profetas.

amaras

En Mateo no se condiciona el amor al prójimo y a lo largo de mi vida he separado mi amor por los demás de sus tendencias políticas, religión o creencias.  El amor, me dijo la Biblia a los 8 años de edad no estaba condicionado y en esos tiempos, pude ver al Papa Juan Pablo II, perdonar, aun convaleciente desde la cama del hospital al hombre que quiso matarle, luego en 1993 lo vi reunirse con este hombre, de confesión musulmana con quien se sentó cara a cara y hablaron por horas en actitud de confesión.

A lo largo de mi vida me ha tocado ver grandes representantes religiosos que han acortado brechas, que han amado al prójimo como a ellos mismos.  De diversas religiones les he visto trabajar mano a mano sin cuestionar creencias, lo he visto en medio de crisis y desastres naturales.  No solo lo han hecho representantes religiosos, sino seres humanos que sin importar color, raza o nacionalidad nos hemos unido en pos de ayudar a un hermano.

Hombro a hombro, como mujer, he trabajado con hombres que han respetado mi género, que se han embarcado en proyectos de conmigo sin importarles de donde viene la dirección y quienes jamás han desestimado lo que tengo para decir por el órgano que llevo entre mis piernas, por mi nacionalidad o por el color de mi piel.    Aún cocinando buenísimo, ninguno me ha mandado a quedarme “en la cocina”…al contrario, se han metido a la cocina conmigo.

Reconozco una injusticia cuando la veo, cuando la escucho…y hoy soy capaz de ello porque siempre trato de amar al prójimo como a mi misma…porque los preceptos que aprendí a los 8 años quedan conmigo aún décadas después.  Porque soy creyente de que a nuestro mundo le falta un poco más de amor y mucho menos dinero.

Y es con tristeza y añoranza que veo declaraciones desatinadas, cargadas de un pésimo manejo espiritual, lenguas que no han sido sometidas y arrebatos emocionales que distan mucho de representar un Dios de amor y misericordia.  Siempre he dicho que los asuntos políticos no son lo mio, soy (y a mucho orgullo) una bloguera del alma, le escribo a los olvidados sentimientos, que hay veces, el dinero entierra un poco más hondo de lo que debería.  Le escribo al amor, esa tan olvidada pincelada de color que le hace falta a la vida de tantos.

Los asuntos diplomáticos, los políticos y los del mundo terrenal esos se los dejo a los expertos…apelo,sin embargo, a la humildad y el sentido común de quienes representan la máxima expresión del sentimiento por el que escribo.  A ellos les pido leer el Evangelio según San Marcos y recordar cual es el segundo gran mandamiento.

Dios les bendiga…

Karolyn Castro ©

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